Se arruga el alma cuando a la redacción de noticias, llega la noticia que no queremos escuchar. La partida de un gran amigo. Es el destino que nos toca tras el pasajero tránsito de la vida. Y se llevó a Rafael Adelmo Mora. Uno de los nombres siempre bien recordados en la radio regional del Tolima, un gran compañero, un gran profesional, un gran amigo. En medio de la tristeza lo quiero recordar como alguien que desde mis inicios en la fabulosa carrera de los medios de comunicación, me enseñó a andar, me enseñó a descubrir cosas, secretos de la radio, formas de ser cada vez mejor.
Rafael Adelmo Mora tenía el don de la dedicación y su apuesta por la perfección en cada cosa que hacía, para que todo producto elaborado desde la consola de una emisora, saliera al aire con la calidad que se el medía y que se requería. Porque eran tiempos en los que la radio era la reina de los medios y desde donde un operador de cabina, como Rafael Adelmo se convertía en el mago de la producción. Uno de los personajes de los medios que no se ve ni tampoco se escucha pero detrás de quien está la responsabilidad de trasmitir con éxito.
Así como lo conocí en la segunda mitad de los setenta, en la desaparecida y bien recordada Voz del Nevado, donde era el operador estrella y con quien aprendí muchas cosas del maravilloso mundo de la radio, donde Rafael ya era muy respetado y admirado por la forma de enfocar su tarea. Siempre exigía más. No le gustaba que algo quedara a medias o que no alcanzara la calidad con la que el se divertía, haciendo las mejores producciones para una excelente puesta al aire.
El destino nos llevó a coincidir de nuevo a comienzos de la década de los 80, en la emisora Radio Cacique, estación básica de la cadena Caracol en Ibagué, donde laboramos por muchas décadas, hasta que las canas y la cédula nos marcaron el momento del retiro. Mucho tiempo para aprender cada día, para compartir nuestra pasión por la radio, pero también por el deporte, por las transmisiones en vivo, por los enlaces nacionales de noticias, por los eventos y todo lo que hacía disfrutar mucho más el sabor y el orgullo de nuestra tierra tolimense.
Siempre estuvo como líder del máster, como el gran coordinador de toda la producción radial; era el jefe técnico en las grandes transmisiones, en los grandes eventos y siempre tenía frases, palabras o comentarios que hacer sobre el trabajo, pero también expresiones de elogio y reconocimiento cuando se alcanzaban grandes logros.
Luchó durante muchos años por la salud de su esposa Carmenza, afectada por una enfermedad con la que batalló mucho tiempo, pero que finalmente se la llevó. Fue ejemplo para sus hijos, quienes vieron en Rafael a un hombre esforzado, dedicado y admirado, que con su aporte de muchos años a los medios de comunicación desde las consolas de producción, luchó por el sueño de sacarlos adelante.
Se nos adelantó Rafael Adelmo y nos deja un gran recuerdo de sus enseñanzas, de su talento, de su amistad, de su entrega y dedicación, pero también una arruga en el alma, porque como dice la canción de Alberto Cortés, «Cuando un amigo se va, galopando su destino, empieza el alma a vibrar, porque se llena de frío»



