NACIONAL

El diésel sigue contaminando la Amazonia y Orinoquía colombiana

Varias localidades de territorios olvidados soportan la dependencia del diésel, entre apagones y promesas incumplidas de la transición a energías limpias y confiables

*Artículo de Simón Zapata – (IPS) – PUERTO CARREÑO, Colombia – José Triana abre su nevera en Puerto Carreño, la capital del departamento de Vichada, en el este de Colombia, y el deshielo lo preocupa. Como emprendedor gastronómico, su sustento depende de una carga costosa de comida de mar traída desde Villavicencio, en el departamento de Meta, pero hoy, como tantos otros días, la energía se ha ido.

Sabe que tiene el tiempo contado: en cinco horas la mercancía empezará a ablandarse y, en doce, todo su capital se habrá dañado bajo el sol inclemente del Vichada. Es la ironía trágica de vivir en una capital donde se paga una tarifa de luz costosa por un servicio que puede desaparecer hasta 20 horas al día, dejando a la ciudadanía en la oscuridad.

Mientras tanto, a pocas calles, las plantas de diésel –un «cementerio de máquinas» viejas que deben ser enfriadas con mangueras de agua para no colapsar– “llena el aire con un ruido insoportable y un humo negro que se respira en cada esquina”, dice Triana.

A 40°C de temperatura, sin ventiladores que funcionen y con la garganta irritada por la combustión de mil galones de combustible semanales, Triana siente que Puerto Carreño está atrapado en la «prehistoria» energética.

Inírida, la capital de Guainía, es reconocida por la cercanía con los cerros de Mavecure, formaciones rocosas consideradas sagradas por pueblos indígenas de la región y uno de los principales atractivos naturales del oriental departamento colombiano. Imagen: Camilo Rey

Puerto Carreño está ubicada en el extremo oriental de Colombia, en la frontera con Venezuela, a orillas de los ríos Orinoco y Meta, en la región de la Orinoquía. De acuerdo con proyecciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), basadas en el censo de 2018, para 2026 el municipio tiene cerca de 24697 habitantes.

Al tratarse de una zona no conectada al Sistema Interconectado Nacional, gran parte de su suministro eléctrico ha dependido históricamente de plantas de generación a diésel, una situación que ha provocado constantes riesgos de desabastecimiento y apagones por los altos costos del combustible, y por problemas de mantenimiento y financieros de la empresa operadora.

La operación eléctrica en Puerto Carreño ha estado a cargo de dos actores principales: la empresa privada Refoenergy Bita, encargada de la generación de energía, principalmente con biomasa y respaldo diésel, y Electrovichada, empresa pública responsable de la distribución y comercialización del servicio en el departamento.

Actualmente, en Puerto Carreño operan al menos ocho plantas de generación eléctrica de respaldo administradas por Electrovichada.

Sin embargo, no todas funcionan simultáneamente de forma continua con diésel. El sistema energético de este municipio tiene un modelo híbrido que integra la generación a partir de biomasa de Refoenergy Bita y que producen 60 % de la energía y con plantas con diésel de apoyo, utilizadas principalmente durante contingencias, mantenimientos o incrementos en la demanda de energía pero que generan  40 % de la energía eléctrica.

En Mitú, la capital del departamento de Vaupés, muchas familias dependen de pequeñas plantas eléctricas domésticas y velas durante los cortes prolongados, una práctica que todavía marca la rutina nocturna en varios barrios periféricos del municipio. Imagen: Cortesía de la comunidad

Más promesas que avances de renovablesEn marzo de este año, la comunidad de Puerto Carreño protestó de manera pacífica por siete días. Entre ollas comunitarias, arengas, y presencia constante las 24 horas en el punto del plantón, se logró instaurar una mesa de diálogo directo con el gobierno nacional. El resultado fue la firma de un acta de acuerdos, donde se pactó el fin inmediato de los racionamientos y el compromiso del Viceministerio de Energía de instalar una planta de generación adicional cuyos costos de alquiler y transporte no serían trasladados a la ciudadanía.

Más allá de la coyuntura, desde el Ministerio de Minas y Energía prometieron una solución definitiva para Puerto Carreño durante las negociaciones de marzo: la financiación total de un parque solar de 10 megavoltio amperios (MVA). Actualmente, la demanda energética de la capital del Vichada ronda los 3,5 MW diarios, por lo que este proyecto no solo cubriría el consumo actual, sino que también ofrecería un amplio margen de estabilidad y capacidad para el crecimiento futuro del departamento.

El gobierno nacional también ha puesto la mirada nuevamente en la frontera. El 4 de mayo, delegaciones de Colombia y Venezuela se reunieron en la capital de Vichada para trazar una hoja de ruta que permita revivir la interconexión eléctrica que funcionó hasta el 2020.

Tras visitas técnicas a las subestaciones de Puerto Carreño y Puerto Páez en Venezuela, las autoridades aseguraron que la línea de 550 kilómetros que conecta con el Guri, la mayor central hidroeléctrica venezolana, situada en el sureste del país, se encuentra en buen estado y que, tras reemplazar algunos elementos que necesitan reparación, el suministro podría restablecerse en apenas dos meses.

Este acuerdo no solo busca estabilizar el flujo eléctrico fronterizo, sino también sanear deudas con la empresa estatal venezolana Corpoelec, que ascienden a más de tres millones de dólares.

Sin embargo, la noticia ha sido recibida con escepticismo por parte de la comunidad: mientras algunas personas esperan que el regreso de la energía venezolana alivie las altas tarifas del diésel, otros temen que Puerto Carreño vuelva a quedar a merced de la inestabilidad del sistema eléctrico vecino, donde estados como el fronterizo Apure reportan apagones de hasta 20 horas al día.

A pesar de los plazos establecidos, existe tensión en la comunidad.

Triana señala que existe falta de información: la omisión de transparencia acordada no ha recibido datos de primera mano sobre los estudios en curso y hay temor de que el proyecto se maneje a espaldas de quienes habitan el territorio, repitiendo errores de proyectos pasados, como la planta de biomasa.

Lo que ocurre en Puerto Carreño no es un caso aislado. En otras capitales de las Zonas No Interconectadas de la Amazonia y la Orinoquía colombiana, como Inírida, en Guainía, y Mitú, en Vaupés, las comunidades también enfrentan una dependencia de sistemas eléctricos basados en diésel, tarifas elevadas y apagones recurrentes.

La empresa Generación y Servicios Amazonas (Gensa) ha impulsado, en parte, la transición energética de estos territorios con proyectos solares, hidroeléctricos e híbridos.

En Inírida hay una granja solar, y en Mitú hay una Pequeña Central Hidroeléctrica. Sin embargo, la generación de estos proyectos todavía es pequeña y la matriz energética de estos territorios sigue atrapada en los combustibles fósiles.

En el año 2025,  78,7 % de la energía en las zonas operadas por Gensa provino del diésel. La brecha es evidente en las capitales: en Inírida, la energía solar apenas cubrió 9,99 % de lo que consume el municipio, mientras que en Mitú, la hidroeléctrica local solo alcanzó a abastecer un marginal 3,53 % de la demanda.

Este artículo se elaboró con el respaldo de Climate Tracker América Latina. – * Fotografías de Camilo Rey.

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