OPINION

Menos horas no bastan – Columna de Alba Lucía García

Colombia no tiene un problema de gente que trabaje poco. Tiene millones de personas que trabajan jornadas extensas y, aun así, producen poco valor porque lo hacen sin tecnología, con malas vías, baja conectividad, procesos lentos y empresas que apenas logran mantenerse en pie.

La reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales puede ser una buena noticia. Más tiempo para la familia, el descanso y la vida personal debería traducirse en mayor bienestar. Sin embargo, también puede convertirse en una oportunidad perdida si creemos que basta con cambiar el número de horas en la ley.

Para producir mejor se necesita formación, tecnología, crédito, infraestructura, conectividad y empresas capaces de organizar adecuadamente sus procesos. El problema es que el país no tiene una sola realidad productiva. No enfrenta las mismas condiciones una empresa tecnológica en Bogotá que una fábrica en el Valle del Cauca, un hotel en la región Caribe, un comerciante en una ciudad intermedia, un productor agrícola en el Tolima o una pequeña empresa ubicada en un municipio apartado del Pacífico, la Amazonía o la Orinoquía.

En muchas regiones, la baja productividad se explica por carreteras deficientes, altos costos de transporte y energía, internet inestable, dificultades para acceder al crédito, poca asistencia técnica y trámites que consumen tiempo y dinero. A esto se suma un problema que no puede seguir ignorándose y es la informalidad laboral y empresarial. Una parte muy importante de los colombianos trabaja sin contrato, sin seguridad social, sin horarios definidos y, muchas veces, sin ingresos estables. Para ellos, la reducción de la jornada puede existir en el papel, pero no necesariamente en la vida cotidiana.

La reducción de la jornada puede ayudar si impulsa a las empresas a eliminar reuniones inútiles, organizar mejor los turnos, digitalizar tareas y medir resultados. Pero puede perjudicar si aumenta la presión sobre los trabajadores o eleva los costos de pequeños negocios que no tienen capacidad para contratar más personal. Por eso el llamado a los nuevos dirigentes es a reconocer que Colombia necesita una verdadera política de productividad regional que reconozca las diferencias territoriales y ayude a las empresas a formalizarse, innovar y crecer.

El debate no debería ser sólo cuánto tiempo trabajamos. Menos horas pueden ser un avance, pero sin inversión, formalización, infraestructura, tecnología y formación, solo estamos distribuyendo en menos horas las mismas dificultades.

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