OPINION

Regiones y Desarrollo – Columna de Juan Manuel Ospina

Nuestro Presidente, se estrena en el sector público – la presidencia es el primer cargo público que desempeña -. El busca, y con razón, y en eso lo acompaña la inmensa mayoría de los colombianos, romper el esquema centralista que en la práctica prevalece, desarrollando plenamente lo establecido en la Constitución del 91, de un estado central, no federal, construido a partir de las regiones que lo conforman, con sus particularidades, posibilidades y necesidades específicas.

El Estado organizado según la Constitución, es expresión política del fortalecimiento de su presencia y de su acción en las regiones, conforme lo ordena la Carta. Esa es la condición necesaria para que los recursos limitados del Estado, el nacional y los regionales, puedan efectivamente hacer avanzar las condiciones y calidad de vida de los colombianos, que habitan territorios concretos con necesidades igualmente concretas, facilitando y complementando las acciones e iniciativas empresariales y ciudadanas que allí se plantean y realizan.

Los territorios, regionalmente definidos, son los espacios para que el desarrollo en sus diferentes dimensiones, no solamente económico, pueda darse por la conjunción y coordinación entre los esfuerzos y recursos del sector privado empresarial, de las iniciativas y recursos de las comunidades y sus organizaciones y de los gobiernos territoriales con sus políticas, iniciativas y recursos.

Compartir objetivos y políticas y aunar iniciativas, esfuerzos y recursos, no solo económicos, públicos y privados, regionales y nacionales, es el camino para un desarrollo integral generador de riqueza y bienestar, respetando los derechos de unos y otros, incluyendo los de la naturaleza, de la cual hacemos parte y con la cual debemos avanzar en una perspectiva de complementación y no de confrontación y explotación sin medida. Alcanzar ese equilibrio, es la nueva dimensión, sentido y alcance de un desarrollo integral, con perspectiva histórica y no meramente coyuntural.

Parecería que Abelardo esté mirando en esa dirección, que podría definir el perfil de su administración. El camino está trazado, el país en general lo respaldaría y apoyaría; los políticos ven posibilidades para sus electores que viven y esperan en esas regiones.

Bogotá tiene que entender la realidad nacional y adaptarse a ella. Seguirá siendo la capital, con los beneficios que naturalmente brinda su condición pero entendiendo que su condición de capital no puede ser una fuente de privilegios sino de posibilidades para ejercer un liderazgo en nombre de los colombianos todos y de sus regiones, como le corresponde. Un liderazgo de convocatoria y de resaltar lo que nos une y que avanzamos si ponemos el rumbo hacia ese objetivo común, con el cual debe complementarse los objetivos regionales específicos que se complementan con el nacional, sin pretender ignorarlo; hacerlo traería finalmente pérdidas y no ganancias, a quien lo haga.

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