OPINION

Prematuro – Columna De Alba Lucía García

Todo tiene su tiempo. Y este no es el de repartir el poder local. Este es el tiempo de pensar, con responsabilidad, el futuro del país.

Y es que aún no se enfrían los resultados de las elecciones al Congreso y en la región ya algunos están pensando en quién será candidato a la alcaldía, quién hereda la gobernación, quién se alía con quién. Se hacen sondeos, se cruzan nombres, se reparten respaldos. Todo, demasiado pronto, muy prematuro.

Mientras tanto, el país se prepara para en pocos días elegir a quien dirigirá el rumbo nacional. Y, sin embargo, ese debate parece estar en segundo plano. No hay suficiente presión para que los candidatos expliquen, con rigor, qué proponen. En los medios no se están desmenuzando los programas de gobierno. No hay una conversación pública sobre hacia dónde vamos como país. Hay ruido político, mucho ruido pero poco contenido.

Nos estamos enfocando en el botín del poder local mientras lo nacional se diluye en la superficialidad. Como si lo que pase en la Presidencia no marcara, de manera directa, el destino de nuestras regiones. Como si el modelo económico, la seguridad, la política social o la visión territorial no dependieran, en buena medida, de esa elección.

En otras ciudades, el tono es distinto. El debate gira alrededor de quién puede conducir el Estado, con qué equipo, con qué ideas. Se confrontan visiones de país, se discuten propuestas, se comparan trayectorias. Aquí, en cambio, estamos atrapados en la lógica de la próxima cuota, del próximo aval, del siguiente cargo. Algunos quieren comerse la torta antes de la fiesta.

Esto no es solo responsabilidad de los políticos. También es de los empresarios que aún no levantan la voz para exigir claridad programática. De los líderes de opinión que no están poniendo el foco donde corresponde. De algunos medios que prefieren likes. Y de nosotros, como ciudadanos, si aceptamos esa agenda sin cuestionarla.

Esto debe cambiar. Hay que leer, comparar y entender los programas de gobierno. Hay que preguntarnos qué país queremos y quién tiene la capacidad real de liderarlo. Debemos pasar de la conversación fácil a la discusión de fondo.

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