
Confieso que me preocupa que en esta campaña presidencial escucho hablar de seguridad, de impuestos, de salud, de crecimiento económico, de corrupción, pero casi no escucho hablar de las mujeres.
Para mí resulta necesario escuchar a los candidatos explicando cómo van a lograr que las mujeres dejen de estar atrás o al lado y empiecen a estar adelante liderando empresas, gremios, ministerios y juntas directivas. Porque siguen faltando oportunidades para llegar a los espacios donde realmente se toman las decisiones.
Mientras algunos hablan de productividad y crecimiento, millones de mujeres sostienen silenciosamente la economía colombiana desde sus hogares. No olvidemos que millones de mujeres tienen una segunda jornada laboral que nadie paga, nadie pensiona y pocas veces alguien reconoce.
¿De qué sirve hablar de igualdad laboral si una mujer llega a casa a cocinar, limpiar, cuidar niños, acompañar adultos mayores o atender familiares enfermos mientras otros descansan?
Las preguntas que las mujeres debemos hacer a los candidatos deberían incluir: ¿Cómo van a liberar tiempo para que más mujeres puedan estudiar, emprender, trabajar, dirigir y participar en política? ¿Cómo van a fortalecer los sistemas de cuidado? ¿Cómo van a incentivar la corresponsabilidad de los hombres dentro de los hogares? ¿Cómo van a aumentar la presencia de mujeres en juntas directivas y cargos de alta dirección?
Y hay una medida concreta que permitiría pasar del discurso a la acción: comprometerse con un gabinete paritario desde el primer día de gobierno. No como un gesto simbólico, sino como una decisión de gestión pública. Si las mujeres representan más de la mitad de la población y una proporción creciente de los profesionales del país, no hay razón para que sigan subrepresentadas en los espacios donde se toman las decisiones más importantes.
El próximo presidente no debería conformarse con cumplir el mínimo legal de mujeres en el gabinete. Debería aspirar a la paridad real. Y las mujeres que lleguen a esos cargos tienen una obligación histórica, abrir la puerta para que entren muchas más.
Porque el país que necesitamos no es uno donde las mujeres ayuden a tomar decisiones. Es uno donde también las tomen.




