Hoy se celebra la fiesta de Santa María Virgen de Guadalupe. Estrella de la evangelización de los pueblos, apoyo de los indígenas y de los pobres. El pueblo de los fieles implora humildemente su ayuda sobre el cerro del Tepeyac. Es la Bienaventurada María Virgen de Guadalupe en México que llevó el Evangelio a América. Su fiesta se celebra el 12 de diciembre.
LECTURA DEL DÍA
Zacarίas 2, 14-17
“Canta de gozo y regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti, dice el Señor.
Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día; ellas también serán mi pueblo y yo habitaré en medio de ti
y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.
El Señor tomará nuevamente a Judá como su propiedad personal en la tierra santa
y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida”.
¡Que todos guarden silencio ante el Señor, pues él se levanta ya de su santa morada!
EVANGELIO DEL DÍA
Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

