OPINION

Nadie gana solo – Columna de opinión – Por Alba Lucía García

En un país lleno de talento, el verdadero desafío no es la falta de ideas. Es la dificultad para trabajar juntos.

Las empresas que crecen no lo hacen por el talento aislado de una persona. Lo hacen porque logran armar equipos diversos. Las ciudades que avanzan no lo hacen porque un alcalde tenga todas las respuestas, sino porque logra articular actores distintos alrededor de objetivos comunes. Los países que prosperan entendieron hace tiempo que el progreso es, ante todo, un ejercicio de cooperación.

El problema es que colaborar exige algo que no siempre estamos dispuestos a conceder. Implica aceptar que el otro puede pensar distinto y aun así ser parte de la solución. Distinto en política, en ideología, en intereses, en formación, en experiencia.

Por eso vale la pena reconocer cuando ocurre. En medio de un ambiente político cada vez más polarizado, David Luna logró algo que parece escaso en el debate público colombiano: construir equipo y articular una coalición amplia que terminó dando resultados. Más allá de las simpatías o diferencias políticas que cada quien pueda tener, el hecho demuestra una habilidad que hoy escasea en la vida pública, la capacidad de sumar.

Construir una coalición implica paciencia, negociación, escucha y, sobre todo, la disposición de entender que nadie tiene toda la razón. Esa lección no debería quedarse solo en la política. También aplica para los gremios, para los territorios, para las universidades y para las empresas.

Durante años hemos celebrado el individualismo, el liderazgo personalista, la figura del “salvador” que llega a resolverlo todo. Pero la experiencia demuestra que los proyectos que realmente transforman territorios siempre son colectivos.

Tal vez por eso la pregunta que Colombia debería hacerse con más frecuencia no es quién tiene la razón, sino quién está dispuesto a construir con otros.

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