OPINION

Adiós a un gran estadista y ejecutor – Columna De Alba Lucía García

La muerte de Germán Vargas Lleras me recordó la necesidad urgente de volver a elevar el nivel del debate democrático y recuperar el valor del carácter en la vida pública. Él no era un hombre que buscara agradarle a todo el mundo, no calculaba cada palabra pensando en redes sociales, ni acomodaba sus posiciones para evitar críticas. Defendía sus ideas y asumía el costo político de hacerlo.

Tenía una visión clara de país y la capacidad de convertir discursos en resultados. Podían compartirse o no sus posturas, pero había algo imposible de negar, era un hombre estudioso, conocía los temas y entendía la responsabilidad de ejercer el poder. Como congresista dejó debates de alto nivel, como ministro y vicepresidente lideró proyectos de infraestructura, vivienda y conectividad que transformaron regiones enteras.

Hoy pareciera que la política premia exactamente lo contrario. El grito sobre el argumento, el espectáculo sobre la preparación, la frase viral sobre la hoja de vida. Nos acostumbramos a medir liderazgos por tendencias, likes y peleas en redes sociales, mientras el país sigue esperando soluciones reales.

Por eso la muerte de Vargas Lleras debería servir para algo más que recordar a un dirigente político, debería ser un llamado para las nuevas generaciones. Necesitamos volver a admirar el mérito, la disciplina, el conocimiento y el servicio público.

Colombia requiere personas que quieran prepararse para servir y no solo para figurar. Que entiendan que liderar no es volverse tendencia, sino asumir responsabilidades difíciles. Que comprendan que defender ideas exige valentía. Que sepan que gobernar no es improvisar.

Y es que llegamos a un punto donde ser serio parece malo, tener carácter incomoda y el que estudia, se prepara y defiende ideas termina perdiendo frente al que grita más duro o hace más show. Después nos preguntamos por qué el país está como está.

El país necesita más estadistas y menos personajes. Necesita líderes que respeten las instituciones incluso cuando no les favorecen. Personas capaces de sostener una posición sin moverse según las encuestas. Necesitamos nuevos líderes que la gente admire, tal vez esa sea una de las tantas reflexiones que deja su partida.

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